José Manuel Arango – Cantiga (poemas)

José Manuel Arango
José Manuel Arango

La terca vida

Los pichones de la nueva nidada ya empluman
para el vuelo
El muchacho apresta su honda

Hay un lugar

Hay un lugar en la montaña, cerca del boquerón
desde donde el estrépito de la ciudad se oye con
una nitidez alucinada Continúa leyendo José Manuel Arango – Cantiga (poemas)

Albert Camus – Anverso y reverso

                                  Albert Camus

Era una mujer original y solitaria. Mantenía un estrecho trato con los espíritus, apoyaba sus disputas y se negaba a ver a ciertas personas de su familia, mal consideradas en el mundo en que ella se refugiaba.

Le vino una pequeña herencia procedente de su hermana. Estos cinco mil francos, llegados al final de una vida, le fueron bastante molestos. Porque había que colocarlos. Si casi todos los hombres son capaces de servirse de una gran fortuna, la dificultad empieza cuando la suma es pequeña. Esta mujer permaneció fiel a sí misma. Próxima a la muerte, quiso proteger sus viejos huesos. Se le ofrecía una verdadera ocasión. En el cementerio de su ciudad, acababa de expirar una concesión y, sobre este terreno, los propietarios habían erigido un suntuoso sepulcro con cripta, sobrio de líneas, en mármol negro, en una palabra un verdadero tesoro, que le dejaban por la suma de cuatro mil francos. Se compró la sepultura. Era un valor seguro, al abrigo de las fluctuaciones de bolsa y de los acontecimientos políticos. Hizo arreglar la fosa interior, la tuvo a punto para recibir su propio cuerpo. Y, cuando terminaron, hizo grabar su nombre con letras capitales de oro. Continúa leyendo Albert Camus – Anverso y reverso

Andréi Tarkovski – Tiempo impreso

STAVROGUIN: En el Apocalipsis el Ángel jura que ya
no habrá tiempo.
KlRlLOV: Lo sé. Es cierto, y está dicho con mucha
claridad y mucha exactitud. Cuando el hombre haya
alcanzado la felicidad, ya no habrá tiempo porque ya
no será necesario; es absolutamente cierto.
STAVROGUIN: ¿En dónde lo pondrán?
KlRiLOV: En ningún lado. El tiempo no es una cosa,
es una idea: se diluirá en la mente.
DOSTOIEVSKI. Los poseídos. II. 5.

El tiempo es una condición para la existencia de nuestro “yo”. Es una especie de medio ambiente cultural que se destruye cuando ya no es necesario, una vez que se rompen los vínculos entre la personalidad individual y las condiciones de la existencia: y en el momento en que morimos muere también el tiempo individual: la vida del ser humano se hace inaccesible a los sentimientos de quienes quedan vivos: muere para quienes lo rodean.

El tiempo es necesario para el hombre para que éste, hecho carne, pueda ser capaz de realizarse como personalidad. Sin embargo, no estoy pensando en un tiempo lineal que signifique la posibilidad de llevar a cabo algo realizando una acción. La acción es un resultado, y lo que estoy considerando es la causa que hace, en un sentido moral, que el hombre encarne. Continúa leyendo Andréi Tarkovski – Tiempo impreso

Fragmentos – Jose Martí

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Yo no quiero en el mundo más que a mí deber, mis amigos y mis hijos, y el recuerdo de las horas fugaces en que he sido amado. No amores largos, de interés y desganamiento: sino un árbol cubierto de súbito de flores al caer de la tarde, o una confesión tímida en la cuenca a la sombra de un ala, que dio en beso encendido: o cuando. Car. al verme venir enfermo, puso el candil en el suelo.
en la cuenca,
en el hueco,
o a media noche, al volver a mi casa, ciertas cosas que no diré más que mirando las estrellas. Cruzaba de prisa sobre mí algo como si disputase el derecho de decirme algo.

Me llega la carta de V. en momentos en que me parece que algo aspiro de un estupor de pena, en que he vivido años enteros. He cumplido en ellos dolorosamente mi deber. He visto en ellos de cerca a los hombres. A todo hombre le quema la vida las alas de cera. Ya me hago otras alas, y me las corto, y me las rehago: de modo que me parece que tengo delante de mi un taller de alas. Pero duelen al salir; duelen al aletear; duelen más al caerse; siempre duelen. Continúa leyendo Fragmentos – Jose Martí

Qué deseo de otras cosas – Fernando Pessoa

¡Ah el crepúsculo, el caer de la noche, el encenderse de las luces en las grandes ciudades
Y la mano de misterio que ahoga el bullicio,
Y el hartazgo en nosotros que nos corrompe
Para una sensación exacta y precisa y activa de la Vida!

Cada calle es un canal de una Venecia de tedios
Y qué misterioso el fondo unánime de las calles,
De las calles al caer la noche, ¡oh Cesário Verde,
Oh Maestro,
Oh del Sentimento de um Ocidental!

¡Qué inquietud profunda, qué deseo de otras cosas,
Que ni son países, ni momentos, ni vidas,
Qué deseo tal vez de otros modos de estados de alma
Humedece interiormente el instante lento y lejano! Continúa leyendo Qué deseo de otras cosas – Fernando Pessoa

Fragmento de El gran cuaderno – Agota Kristof

El grito – Oswaldo Guayasamín

Ejercicio de endurecimiento del cuerpo

La abuela nos pega a menudo con sus manos huesudas, con una escoba o un trapo mojado. Nos tira de las orejas, nos da tirones del pelo.

Otras personas también nos dan bofetadas y patadas, no sabemos muy bien por qué.

Los golpes hacen daño, nos hacen llorar.

Las caídas, los arañazos, los cortes, el trabajo, el frío y el calor también son causa de sufrimiento.

Decidimos endurecer nuestro cuerpo para poder soportar el dolor sin llorar. Continúa leyendo Fragmento de El gran cuaderno – Agota Kristof

Sobre La Bisagra, revista de creación poética

¿Cómo decir
que no soy
pero que, en cada palabra,
me veo,
me oigo,
me comprendo?
Edmond Jabés

Cuántas veces esperamos, al abrir un libro de poemas, hallar la palabra precisa. Tan valiosa es la labor de quien edita cuidadosamente una revista o un libro, que al entregar al lector el poema, también entrega el ritmo y la música que lleva consigo y, en su conjunto, el significado. Así, la Revista La Bisagra, nacida en Medellín hace dos años justamente, acoge a quien la lee con una forma y un movimiento propio, permitiéndole encontrar en ella la palabra que busca manifestarse.

Ya en su cuidada encuadernación, donde el hilo que sujeta las páginas de manera suelta da sentido a su nombre, podemos adivinar que hay algo especial en aquellas hojas. Desde su nombre, hasta los títulos de sus secciones (liminar, quicial, pestillo), la revista se presenta como la puerta al poema. Será trabajo del lector descubrir en sus ediciones que la revista es en sí una referencia a la poesía, tanto en los hilos conductores de cada número, que hacen referencia a un poema, como en las pinturas que componen el bastidor. Los autores que conforman cada una de sus ediciones nos adentran en una lectura callada, nos invitan al silencio, nos abren un espacio que se nos hace cada vez más necesario en esta ciudad siempre afanada y bulliciosa.

La Bisagra es sin duda resultado del quehacer esmerado de sus editores Isabel Cristina Bustamante, Carlos Andrés Bustamante y Carlos Ciro, que han logrado a través de sus páginas darle vitalidad a la cultura de la ciudad y que han permitido al lector verse, oírse y comprenderse a través de la palabra.

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Lorena Restrepo

Sitio web oficial de La Bisagra aquí.

Pascal Mercier – ROSTROS FUGACES EN LA NOCHE – Tren Nocturno a Lisboa

By Claude Monet
By Claude Monet

CARAS FUGACES NA NOITE. ROSTROS FUGACES EN LA NOCHE.  Los encuentros entre los seres humanos —a menudo lo veo así— son como el cruzarse de trenes que pasan a toda velocidad en la profundidad de la noche. Son fugaces, apresuradas las miradas con las que intentamos ver a los otros, sentados detrás de los vidrios opacos a la luz crepuscular, que desaparecen de nuestra vista antes de que podamos distinguirlos. ¿Eran en verdad un hombre y una mujer los que pasaron como alucinaciones en el marco iluminado de una ventana que surgió de la nada, sin sentido y sin destino, como recortado en esa negrura deshabitada? ¿Se conocían? ¿Hablaban? ¿Reían? ¿Lloraban? Se dirá: lo mismo puede suceder cuando dos desconocidos se cruzan en la lluvia y el viento; esa comparación es posible. Continúa leyendo Pascal Mercier – ROSTROS FUGACES EN LA NOCHE – Tren Nocturno a Lisboa

Pascal Mercier – Vivo dentro de mí como en un tren en marcha

La Gare Saint-Lazare, Claude Monet, 1877.
La Gare Saint-Lazare, Claude Monet, 1877.

ESTOU A VIVER EM MIM PRÓPIO COMO NUM COMBOIO A ANDAR.  VIVO DENTRO DE MÍ MISMO COMO EN UN TREN EN MARCHA. No subí a este tren por voluntad propia; no tuve elección; no conozco el destino. Un día del pasado lejano me desperté en mi compartimiento y sentí el movimiento. Fue emocionante: escuché el golpeteo de las ruedas, saqué la cabeza y sentí el viento golpeándome la cara, disfruté la velocidad con que las cosas pasaban a mi lado. Tuve el deseo de que el tren nunca interrumpiera su marcha. No quería que se detuviera para siempre en lugar alguno.

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Roland Barthes – Todas las voluptuosidades de la tierra

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Egon Schiele: The Embrace

SACIEDAD o COLMO.  El sujeto plantea, con obstinación, el anhelo y la posibilidad de una satisfacción plena del deseo implicado en la relación amorosa y de un éxito sin falla y como eterno de esta relación: imagen paradisíaca del Soberano Bien, dable Rusbrock y aceptable.

1. “Ahora bien, tomad todas las voluptuosidades de la tierra, fundidas en una sola voluptuosidad y precipitadla íntegra sobre un solo hombre; todo eso no será nada comparado con el goce de que hablo.” La saciedad es, pues, una precipitación: algo se condensa, echa raíces en mí, me fulmina. ¿Qué es lo que me llena así? ¿Una totalidad? No. Algo que, partiendo de la totalidad, llega a excederla: una totalidad sin remanente, una suma sin excepción, un lugar sin nada al costado (“mi alma no está solamente repleta, sino desbordada”). Colmo (estoy colmado), acumulo, pero no me detengo en el nivel de la falta: produzco un exceso, y es en este exceso que sobreviene la saciedad (el exceso es el régimen de lo Imaginario: en cuanto no estoy en el exceso me siento frustrado; para mí, justo quiere decir no suficiente): conozco, finalmente, ese estado en que “el goce rebasa las posibilidades que había vislumbrado el deseo”. Milagro: dejando tras de mí toda “satisfacción”, ni ahito ni harto, sobrepaso los límites de la saciedad y, en lugar de encontrar el asco, la náusea, o incluso la embriaguez, descubro… la Coincidencia. La desmesura me ha conducido a la mesura; me ajusto a la imagen, nuestras medidas son las mismas: exactitud, precisión, música; he terminado con el no suficiente. Vivo entonces la asunción definitiva de lo Imaginario, su triunfo. Continúa leyendo Roland Barthes – Todas las voluptuosidades de la tierra